Aynara y sus pataditas mientras duermo
Hace unas noches, en que la autonomía espacial me tentó a creer que el sueño vendría suave y placentero; soñé contigo... Aparecías desde mí, mujer parturienta y conciente, pero indolora. Te aferrabas a mi piel y succionabas con todas tus fuerzas de mi pecho que se abría a tu boca como si hubiese servido de nodriza unas mil veces antes. Yo sentía que te rescataba de tu necesidad desesperada... Hasta que la sangre se te calmaba con mi sangre y tus ojos me miraban quietos.
El sueño no paró allí. Los años se vinieron rápido hasta que tu pelo era idéntico al mío... denso y tan voluminoso, sólo que yo lo abría, al acariciarte, y me llenabas la vista de visos rojizos... como los que tenía tu abuela.
Despues crecías más alta, pero con menos prisa... A veces más distante, pero igual de cierta con tu mirada; como cuando mi pecho era una prolongación de tus sentidos.
Espero las noches en que tu figura se aparezca cierta, no sólo bajo mis ojos dormidos... Espero, se aparezca tangible en mis brazos, como mis pechos esperan crecer y tenerte apegada para servírtelos.
El sueño no paró allí. Los años se vinieron rápido hasta que tu pelo era idéntico al mío... denso y tan voluminoso, sólo que yo lo abría, al acariciarte, y me llenabas la vista de visos rojizos... como los que tenía tu abuela.
Despues crecías más alta, pero con menos prisa... A veces más distante, pero igual de cierta con tu mirada; como cuando mi pecho era una prolongación de tus sentidos.
Espero las noches en que tu figura se aparezca cierta, no sólo bajo mis ojos dormidos... Espero, se aparezca tangible en mis brazos, como mis pechos esperan crecer y tenerte apegada para servírtelos.
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